“UN SUPERMAN DENTRO DE MI”

fotomilo.jpgORLANDO EMILIOA veces lo real sobrepasa lo ficticio, la realidad es más dura que la vida llena de fantasía, misterio, de personajes pintorescos con poderes sobrenaturales y de una vida donde siempre el mal es acatado por el bien, siempre triunfa este ante cualquier adversidad.

 

Mi experiencia fue una paradoja ante esta vida ficticia. No sabiendo cual era la vida artificiosa de la verdadera, o si era mejor soñar para olvidarme de la triste realidad.

 

Mi historia data a finales de los años setenta. Partiendo de una guerra civil y dejando nuestra cultura, nuestras raíces, nuestra familia, nuestra casa, partimos sin rumbo fijo, sin visión exacta de nuestras vidas, lo único era eso, mejorarlas. Partiendo una madre con tres hijos casi en brazos, en un país desconocido, y con las vivencias, nostalgia y tristezas rezagadas de un país que nos dejaba.

 

Pensamos que la vida nos iba a cambiar, no que debíamos de cambiar para vivirla, que se tenía una nueva alternativa, llena de posibilidades y disyuntivas a futuro. La realidad fue otra, y empezaba una nueva subsistencia de sobrevivencia, de lucha, de fe y esperanza por sobrevivir.

 

El ser humano y el miedo a las vivencias desconocidas y al tener un futuro incierto marcado de pocas alternativas de calidad de vida, y de empezar una experiencia nueva obstaculizada por dolorosas etapas de una enfermedad que puede llegar a culminar en la muerte o seguir adelante.

Así pues, desde mis primeros pasos ya venía siguiéndome la sobra del dolor, desesperación y angustia. Se me diagnóstico una terrible enfermedad denominada “Síndrome Nefrótico”: El síndrome nefrótico es causado por varios trastornos que producen daño renal, particularmente la membrana basal del glomérulo, lo cual ocasiona inmediatamente excreción anormal de proteína en la orina.

Esta enfermedad ataco el único riñón que tenía dejándome no solo un inicio de empezar a luchar, sino de un inicio de un nuevo estilo de vida.

 

Primeramente mis padres, supongo yo, nunca se percataron y fue de asombro esto. Mi padre que provenía de una familia grande de 6 hermanos, todos ellos arriba del promedio físico, y mi papá siendo deportista y todo lo que conlleva a este tipo de vida. Por otro lado mi madre, siendo de una familia también sana e inteligentes todos ellos.

 

Sus vidas cambiaron de repente; su forma de pensar, actuar y de ver la vida de otra manera; la realidad de una enfermedad viéndolo de todos los ángulos es una vida difícil.

 

Yo siendo un niño, tuve que ser conciente de que esto no era fácil, de que la vida eso era, y de que por lo menos tenía una alternativa de sobrevivencia. Antes de esta alternativa tuve que ser en sentido figurado un SUPERMAN, siendo mis poderes mis condicionantes de lucha de seguir adelante.

 

Estas condicionantes en orden de prioridad fueron: 1) Ser conciente de que se podía anteponer el fracaso ante la lucha constante, 2) De nunca dejarme por vencido por las adversidades, desde que nacemos estamos hechos para morir, 3) Que la vida ante todo estaba en mis manos, tenía que tener el coraje, los sueños y la visión de que debía luchar para un nuevo comienzo y 4) Debes contar con las personas adecuadas que se unan a tu lucha y sobre vivencia, y por último, y el más importante 5) CONTAR CON ALGUIEN QUE PUDIERA REGALARME UN PEDAZO DE SU VIDA.

 

Los primeros años de esta terrible enfermedad fueron difíciles. Todo se traducía a lo intangible del dolor del ser humano: tristeza, ansiedad, desesperación, dolor que desembocan en echarle la culpa a alguien, pero la culpa siempre esta de más.

 

Día a día me preguntaba por que me sucedía esto a mi, por que esa había sido mi alternativa, de que se me había cobrado algo por anticipado sin haberlo hecho. Sin embargo, siempre la resignación debe responder ante las interrogantes y ganarle a la desesperación.

 

No cabe duda que me desespere, me obsesioné con el hecho de la culpabilidad del sufrimiento de mis padres; oía a veces a mi mama llorar en el baño y ese era un castigo para mí, ya que en ello se traducía mi sufrimiento.

 

Paso el tiempo, y me acuerdo de aquel Enero del 87, como todos aquellos días de consulta médica en aquel hospital de la Ciudad de México, Hospital Infantil Federico Gómez. Ese día era rutinario; obtener una muestra de sangre, esperar el resultado y dependiendo de este, tomar decisiones en cuanto a control por medio de medicamentitos, dietas entre otros tratamientos. Aquel día se decidía mi vida, se decidía la alternativa de una probabilidad de seguir en este mundo. Esa tarde lluviosa, entre una sala de espera de gente que te contagiaba su tristeza, compartiendo el mismo dolor. Era mi turno, pero ellos pasaron solos, yo me quede afuera, con el miedo de siempre, de no saber que iba a suceder conmigo… a veces es muy difícil que tu vida este controlada por unas personas ajenas a ti y que ellos tienen la responsabilidad de que sigas vivo, solamente uno tiene que ser responsable de aquellas indicaciones.

 

Me di cuenta que esa tarde era por que ya mí única alternativa de vida era un transplante de riñón, y de que se les preguntaba, como a cualquier padre, la opción de donar su riñón para mi persona. Siendo una persona afortunada entre miles de infortunados de contar con unos padres de que sin más ni menos, sin dudarlo, sin pensarlo a futuro, estaban dispuestos a ser cualquier cosa con tal de poder brindarme una segunda oportunidad de vida.

 

Es así el comienzo de unos meses de presión, agitados, de lucha y esperanza que fue hasta el 2 de Junio del 87 que llegaba el día, aquel día en que por un lado el miedo me invadía, y por otro lado la ansiedad de una nueva oportunidad me entusiasmaba. Me acuerdo como si fuera ayer, el procedimiento de un transplante es algo complejo, este procedimiento anterior y posterior es un trabajo exhaustivo que conlleva a la colaboración de un equipo familiar, y el éxito es el resultado de todos ellos.

 

Ese día, pero ya pasando varias horas de una larga jornada en el quirófano y estando ya sumando otras horas en el área de recuperación me llevaban al cuarto, y de lo único que no se me olvida y me salen las lagrimas es que en el pasillo donde estaba mi mamá se acerco antes de que me llevarán arriba al cuarto y le dije: “dame un beso” y ella pidiendo permiso me lo dio. Nunca se me olvida eso, a veces los pequeños detalles de sufrimiento, dolor, alegrías o muestras de afecto son las que más se recuerdan.

 

A partir de mi transplante empezaba una nueva oportunidad de vida, y si algunos piensan que todo acababa ahí, no es así. Reincorporarse a la vida cotidiana es una tarea difícil, primero saber como sobrevivir anteponiéndolo a saber vivir es un proceso largo. Los primeros años de transplantando fueron una difícil tarea, si por un lado, me encontraba en perfectas condiciones físicas, por otro lado la reincorporación a la sociedad era una tarea difícil.

 

Recién transplantado, recuerdo bien, e iniciándome a reincorporarme a la vida, un doctor, que no recuerdo su nombre, le decía a mi mamá de que el objetivo de vida para mi era buscarme un oficio, sin pretender a más, sin pretender a ser un hombre a futuro profesional y con aras de triunfar. En ese momento llore en silencio sin antes haber luchado. En ese momento y ahora promulgo una fabula de que nadie debe de frenar tus sueños, tu lucha por un futuro mejor, tus ganas de seguir adelante. Y donde se encuentre aquel doctor le agradezco por no haber sido parte de ganarle a su propio paradigma.

El inicio de la lucha comenzó. El primer obstáculo a vences después de la muerte, fue la reincorporación de la vida. Fue difícil, cualquiera no lo hace, tuve que llenarme de valor, coraje y tolerancia para poder enfrentarme a mis compañeros de clase. En ese entonces a la edad de 12 años, reflejaba la edad de un niño de 5 o 6 años, con una mentalidad por un lado de niño, y por el otro de adulto por lo que había padecido.

No crean fue difícil, a veces quería tirar la toalla y no seguir con esa meta. Es difícil ser tolerante, esa tolerancia que me fortaleció pude vecer a cuantas mentes querían derribarme por ignorar como era verdaderamente. Con los años y sin vencerme, con el siempre apoyo de mis padres a poder lograr mis metas pude culminar mis primeros estudios, mis estudios universitarios y un logro más significativo haber culminado dos maestrías.

Ahora al haber pasado los 20 años de transplante y seguir con mí lucha incansable, el éxito estriba en la ayuda de todo con el que he contado. Las personas normales tenemos poderes, y esos poderes son aquellos que nos hacen luchar contra los obstáculos y derribar a seguir con nuestro cometido, mi cometido; no dejarme vencer y lograr aquellos objetivos de vida.

 

Esto que les cuento no es una historia con aras de presumir logros obtenidos, sino como una historia para valorar lo que yo, ustedes y otros tenemos, primordialmente, LA VIDA Y SALUD. Con ello podrán lograr todos sus sueños y metas, de que no existen limitantes, de que hay que anteponerlos para lograr los objetivos.

 

 

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